Las Plumas del Fénix

 

“Las plumas del Fénix”


 

Derrotado y arrodillado ante mis enemigos, con todos mis compañeros caídos en combate, sólo quedo yo, Dhoko de Libra, en El Santuario; sólo yo me hallo entre la delgada línea que separa el bien del mal; la destrucción del planeta.

 

Uno de mis enemigos se acerca con su espada. Creo que llega mi final. No consigo moverme, ya no me quedan fuerzas, siento que ya no me queda nada por lo que luchar. A mis pies y proveniente de una terrorífica voz escucho a mi enemigo...

 

– “Yo Renoir, El Jinete Blanco, ¡te sentenció a mi victoria!”

 

Un viento cálido nos envuelve, y en el preciso momento en que baja su espada en dirección a mi cuello, el ambiente cambia, se carga de energía y en el aire aparecen unas plumas que traen consigo la esperanza, el coraje. De repente, algo en mi interior arde; mi cosmos comienza a aumentar. Vuelvo a tener fe.

 

Una estela casi imperceptible aparece golpeando brutalmente en la cabeza de Renoir, destrozándole el casco con forma de corona y lanzándolo contra la pared. Alzo la vista y observo a Renoir en el suelo, en un gran charco de sangre y con los ojos en blanco yace sin vida.

 

En ese momento lo veo, aparece justo delante de mí con su característica arrogancia está El Fénix, el que siempre renace de sus cenizas.

 

– “Dhoko, más te vale recuperar tus fuerzas y levantarte en lo que yo los entretengo.”

 

Ya solo quedan tres enemigos a abatir: Volar El Jinete Rojo de la Guerra; Amon, El Jinete Negro del Hambre; y el último, el que no tiene nombre. Ese a quien se le conoce por El Jinete Marfil de la Muerte.

 

Muerte sigue sin moverse, permanece estático esperando mientras los otros matan y destruyen todo a su paso, absorbiendo las almas de mis compañeros caídos cuando lo escucho ordenar:

 

– “¡Amon, Volar! Acabad con El Fénix, y esta vez, ¡hacedlo bien!

 

Los dos jinetes se lanzan ferozmente contra el cuerpo de mi amigo, el Fénix. Esquiva no uno, ni dos golpes, sino todos los que le lanzan. Ha renacido aún más rápido y fuerte de lo que recordaba. << Tengo que levantarme, tengo que ayudarte...>>

 

– “Yo, Dhoko de Libra, acabaré con vuestra destrucción.”. De un salto me lanzo contra Volar y comienzo a luchar. El Fénix lucha ágilmente contra Amon, sus fuerzas ahora están muy igualadas.

 

Amon lanza contra él su ataque “Balanza de la Perdición”; el mismo ataque que lo derrotó hace apenas unas horas...

 

Se queda quieto, pero cuando el ataque esta a punto de darle, da un sutil paso hacia la izquierda, esquivándolo. Arma su brazo derecho estirando el dedo índice, y lanza con furia su ataque “Golpe de la Ilusión Diabólica del Fénix”. Amon se queda quieto, sumido en su más profundo miedo. En su cabeza comienza a creer que su ataque “Balanza de la Perdición” se ha vuelto contra él y que comienza a adelgazar hasta tal punto en que su armadura comienza a pesarle y a aplastarlo, y, de esta forma, cae al suelo como si todo el peso de la tierra hubiera caído sobre el, atrapándolo y destrozándolo.

 

A su vez, yo me hallaba en una encarnizada lucha contra Volar. Las energías de ver a un compañero y amigo volver de entre los muertos ha conseguido que mi cosmos arda como nunca antes lo había hecho. Una batalla igualada en fuerzas, pero mi experiencia y la energía extra que me ha aportado el resurgir del Fenix, puede lograr desnivelar la balanza a mi favor.

 

De repente, Muerte coge la guadaña de su espalda y grita:

 

– “Habéis acabado con mi paciencia. Estoy harto de vosotros, “¡Ataqué de Ánimas!” - proclama.

 

– “No, Muerte, espera.” - Grita desesperadamente Volar.

 

Una luz brillante y cegadora surge del movimiento que lanza con su guadaña. Soy incapaz de ver y me quedo paralizado e indefenso hasta que noto un fuerte golpe en el costado. Cuando por fin soy consciente de la situación, me encuentro tirado en el suelo. No hay ni rastro de Volar, se ha volatilizado. Por su parte, el Fénix está en el mismo lugar donde antes me encontraba yo. Me ha apartado justo a tiempo. En ese mágico instante, gira la cabeza, y traspasándome con la mirada, me dice:

 

– “Ya sólo queda uno, Dhoko. ¡Acaba tú con él! Esta será tu gran victoria”.

 

Tras lo cual desaparece con una ráfaga de viento, cargada nuevamente por cientos de plumas del Fénix que envuelven el santuario.

 

– “Caballero de Libra, otra vez te encuentras solo y arrodillado, pero en esta ocasión luchas contra mí ,La Muerte”.

 

– “Olvidas un detalle, esta vez tengo fuerzas para levantarme, y suficiente Cosmos para derrotarte, Muerte”.

 

– “Ya lo veremos...”¡Ataque de Ánimas!”

 

Otra vez esa luz cegadora, pero esta vez, estoy preparado, cierro los ojos y salto con todas mis fuerzas. El ataque cesa y ahora seré yo el que haga mi ataque sin que el pueda verme.

 

– “ Ja, ja, ja. Por fin el santuario ha caído y el planeta es mío” - Proclama, Muerte.

 

El sol cubre mi salto y no se esperará mi ataque “Cien dragones de Rozan”. Allá va con todas mis energías, un único ataque, con todo mi cosmos puesto en él.

 

Muerte mira al cielo, pero ya es tarde; Cien dragones llegan a el y lo golpean. Lo único a lo que le da tiempo es a sonreír. Cuando el polvo comienza a disiparse, me embarga la desesperación. Aún está ahí, de pie con su espantosa armadura marfil llena de calaveras. Aún tiene esa sonrisa en la cara. Volvemos a estar como al principio, sin fuerzas ni esperanzas. Pero una cosa cambia, ahora el que está de rodillas es él, que cae soltando su guadaña. De su sonrisa emana un hilo de sangre, y cae del todo hacia delante. Aún sin creérmelo, una pluma aterriza en mi hombro. <Gracias a tí he vencido>.

 

EPÍLOGO

 

El sol brillaba en lo alto de la montaña, una suave brisa nos envolvía mientras contábamos las mismas historias año tras año.

Esta vez, incluía una verdad por transmitir, una confesión, un legado.

 

– “Dhoko, ¿cómo se llamaba ese Fénix?; nunca has dicho su nombre”.

 

Saco un pequeño cofre que llevo atado a mi kimono. Llevo guardándolo tanto, tanto tiempo... Alargo los brazos y se lo ofrezco mientras le digo:

 

– “Ha llegado el momento de rebelarte quién era ese Fénix, y por tanto, de que sepas quién eres tú. Su nombre era Teseo y él era tu verdadero padre. - abre el cofre con los ojos llenos de emoción – en su interior está La Pluma, ¡cuídala! ya que tú serás el próximo Caballero de Fénix. ¡Se tan fuerte como él, Ikki!”.

 


 

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